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Antídoto contra la demagogia

Por EMILIO LANZ

El siglo XXI es la época de la historia en la que la gente ha tenido mayor acceso a la educación y por lo tanto hay también más gente ilustrada. No obstante, es una época en la que la juventud y la población en general parecen estar más desorientados que nunca.

Forma parte del discurso político y social – por su obviedad y sentido común – el hecho de que debe de invertirse más en educación y que hay que extender y ampliar la enseñanza. No se requiere tener doctorados y estudios universitarios para expresar esta necesidad. De igual forma se habla sobre la pérdida de valores, y dentro de todo tipo de disertaciones de pueden encontrar letanías al respecto. Sin embargo, ¿por qué si en principio la educación jamás ha estado tan extendida como hoy en día, los valores se pierden, generando las nuevas pautas negativas de comportamiento que está expresando la sociedad?

Hoy en día, incluso en las que consideramos las democracias y Estados con formas de gobierno más avanzados, la población muestra su descontento y busca alternativas, pero parece ser que ninguna se vislumbra como exitosa, y se tiene la sensación de que ya se ha intentado todo. En términos coloquiales, la sociedad va andando como pollo sin cabeza.

Creo fervientemente que escogimos el sistema correcto de gobierno: la democracia. Pero creo que hemos errado en su aplicación por tabúes históricos, malas experiencias y la preeminencia de la ideología antes que de las ideas.

En las siguientes páginas haremos algo que pocas veces solemos fraguar: una breve reflexión. Sólo sabemos quejarnos de obviedades pero nunca reflexionamos acerca de ellas. Eso implica algo que está igualmente inherente en el ser humano, pero que en raras ocasiones practicamos, y es el cuestionamiento.

Cuestionarnos implica sobre todo hacerlo en actitudes y pensamientos dentro de nuestra sociedad que son dogmáticos. Cuando escuchamos la palabra dogma, se nos viene automáticamente a la cabeza los conceptos de Iglesia y religión. Según la RAE, un dogma es una “proposición tenida por cierta y como principio innegable.” Por lo tanto un correcto ejercicio de reflexión implica cuestionar los dogmas.

De igual forma, no pretendo realizar un análisis o trabajo académico. Simplemente poner sobre la mesa una serie de temas que consideramos como resueltos, pero al parecer no lo están, o han tomado un camino equivocado, con el objetivo de que el lector saque sus propias conclusiones y acuda a sus propias fuentes. De esta forma será más difícil que nos mientan con un discurso engañoso.

El ser humano tiene la tendencia de repetir lo que escucha, sin preguntarse los orígenes de los conceptos o buscar fuentes que los aclaren. Es así como se forman los mitos, las leyendas y en nuestra época la posverdad.

La mayor parte de nuestros juicios, o más bien prejuicios, vienen dictados de fuentes con muy poca veracidad. En el siglo XXI estamos más que nunca a merced de los medios de comunicación que controlan a las masas de forma exagerada: La Wikipedia, una cuasienciclopedia, con información que no se puede categorizar como correctamente contrastada; noticieros y telediarios tendenciosos; plataformas como YouTube, que hacen del vídeo un portador de verdad sin capacidad de contextualizar; entre muchos otros medios.

Ejemplos cotidianos, son los que atacan a La Biblia o el Corán sin haberlos leído tan siquiera. Es verdad que son textos que se pueden interpretar – y han sido interpretados – de múltiples formas. Sin embargo, el saber popular suele criticar en función de “aquéllo que se ha escuchado”. De igual forma no falta aquél que suele citar a Marx como si su libro de cabecera fuera El Manifiesto del Partido Comunista, o a los políticos que se les llena la boca hablando de “democracia” y dan definiciones extrañas sobre ella.

Ahora bien, es verdad que muchas personas, utilizan argumentos como: “lo leí en un libro”. Y claro, como nadie lee, cuando se utiliza esta coletilla, se le suele dar al comentario un rigor de verdad categórica por el simple hecho de estar escrito en un libro. Es importante considerar que hoy en día cualquiera escribe un libro, incluido quien escribe éste. Y todo lo escrito es subjetivo. Por tal motivo, hay que saber elegir las lecturas, el contexto, el rigor académico y sobre todo tener la capacidad de identificar literatura o estudios “basura”.

Los pueblos, países, naciones y sociedades son como las personas, actúan con una propia psicología, son muy rencorosos y han sufrido traumas que les dejan cicatrices por cientos de años. Tienen complejos que les cuesta superar y que cuando un individuo o sociedad los saca a relucir se sienten sumamente ofendidos y reaccionan de acuerdo a su carácter. Al igual que haría un buen terapeuta debemos de buscar ese inconsciente para poder dar soluciones y el método es el mismo: preguntando, cuestionando y conociendo la historia del paciente.

En las próximas páginas vamos a tocar ciertos temas relacionados con nuestra sociedad actual, para tratar de comprender cómo hemos llegado hasta aquí. Estoy convencido que sólo con un uso correcto de la historia, que vaya más allá de rellenar expedientes académicos, o presumir de una cultura general, se pueden dar saltos importantes y evitar tropiezos para mejorar la sociedad.

Estas reflexiones nos ayudarán a entender mejor el proceso histórico en el que nos encontramos, para identificar lo que es la demagogia y lo que es una democracia que garantice libertades, derechos y justicia.

DEMOCRACIA
Comencemos con una palabra que se utiliza al extremo de lo absurdo: DEMOCRACIA. Es parte del discurso diario de políticos, intelectuales y tertulianos, shows de televisión, editoriales en medios impresos y un largo etc. Suelen incluir en su definición conceptos como justicia, diálogo, tolerancia y libertad, entre muchos otros, pero están equivocados. Democracia significa una sola cosa: es la forma de gobierno, en la que la soberanía recae en el pueblo.

La democracia es ante todo una forma de gobierno, o sea una forma de muchas que tienen las sociedades para organizarse. Desde tiempos antiguos, estas formas de gobierno fueron explicadas por grandes pensadores y filósofos como Platón, Aristóteles o Cicerón. Una forma simple de verlo es la siguiente: cuando la soberanía la ejerce una sola persona se le conoce como monarquía; si es un grupo de personas quienes la ostentan es aristocracia; y si es el conjunto de los ciudadanos es democracia. Ahora bien, si el sistema se desvirtúa la monarquía da paso a la tiranía, la aristocracia a la oligarquía y la democracia a la demagogia.

Estos conceptos simples nos conducen ahora a definir de forma breve qué es la soberanía y la ciudadanía. Y lo haremos también de forma sencilla: La soberanía es el máximo poder y autoridad política, capaz de tomar decisiones. Por su parte, un ciudadano es una persona que se considera miembro activo de un Estado, y por lo tanto es poseedor de derechos y obligaciones. Es muy importante hacer una distinción entre ciudadanía y pueblo, ya que son conceptos que se han fundido. Tradicionalmente no cualquiera que naciera dentro de un Estado era considerado ciudadano, ya que no poseía obligaciones o no ejercía sus derechos. Pongamos como ejemplo reciente lo que sucedía (o sucede) en muchos países, en los cuales la prestación del servicio militar era un requisito para hacerse ciudadano y por lo tanto ejercer el derecho al voto, o a trabajar.

Dicho esto, la democracia siempre ha sido considerada por los grandes pensadores como el menos peor de los sistemas de gobierno, siempre y cuando la ciudadanía no se comporte como masa, ya que si actúa como tal, es la misma ciudadanía la que pervierte a la democracia convirtiéndola en demagogia. Para que los ciudadanos no actúen como masa, deben de estar educados. La democracia puede llegar a ser muy peligrosa, hagamos una rápida y simple analogía:

Un colegio jamás podría ser democrático. Claramente debe ser una monarquía, porque en este caso, es el profesor (monarca) es el que posee el conocimiento para guiar a sus alumnos (ciudadanos) por el buen camino. ¿Cuándo se desvirtuaría el sistema? Cuando el profesor actúe como un tirano, golpee a los niños, no les enseñe y los mantenga en la ignorancia, y utilice el dinero de las matrículas para otros propósitos y no a mejorar las aulas o comprar materiales educativos. Esa monarquía se convertiría pronto en una tiranía si no hay ley que se aplique. No obstante, los colegios suelen tener asociaciones de padres de familia, y otros grupos que fiscalizan al profesor para que cumpla con sus objetivos. Por lo que en términos generales y en una escuela normal, el sistema de gobierno monárquico funciona.

Volvamos ahora al colegio pero ya no como monarquía, sino como democracia. Los alumnos deben de elegir al profesor para gobernar el aula. En principio todos pueden ser profesores. Imaginemos la campaña electoral para presidir el aula: El adulto (o sea el profesor de toda la vida) promete una mejor educación, lecciones amenas, y conocimientos nuevos. Otro alumno promete más horas de recreo, dulces y golosinas cada hora. Un tercero tiene entre sus propuestas entrar una hora más tarde y salir una hora más temprano, además de que no habrá deberes y tareas para llevarse a casa. Creo que todos podemos concluir que el único que no tiene posibilidad de ganar las elecciones es el profesor, y que la educación de esos niños brillará por su ausencia, o será enormemente deficiente.

Hoy en día, todos los que se califican como progresistas intentan democratizar todas las instituciones posibles, confundiendo el concepto de democracia con libertad y derechos, cuestión que está haciendo un daño terrible a diversos aspectos de la vida como la misma educación, sobre la cual profundizaremos más adelante.

El hombre es un animal que como muchos otros requiere de líderes que tomen decisiones sin tener que consultar con todos los involucrados, como se pretende hoy en día. Obviamente esos líderes deben de estar controlados por resortes que hagan efectiva la justicia y sean garantes de libertades, pero es un error pensar que todas las instituciones por democratizarlas se harán más justas y permitirán mayor libertad. Es necesario analizar la naturaleza de cada institución para determinar si es sujeta o no a una democratización.

1.1 Libertad y democracia
Libertad y democracia son dos términos que suelen ir de la mano. Casi como sinónimos. Es verdad que los regímenes democráticos son los que suelen garantizar de mejor forma las libertades. No obstante hay regímenes democráticos en los cuales la libertad está muy limitada, incluso más que en dictaduras. Es el ejemplo de la Venezuela de Chávez o de Maduro. Son regímenes democráticos porque fueron electos por mayoría del pueblo, pero donde muchas libertades están limitadas, y corren el riesgo de convertirse en dictaduras. Son un ejemplo casi de manual sobre lo sencillo que es manipular a las masas cuando no están educadas.

Hagamos un poco de historia para comprender mejor esta situación. Si nos hablan de democracia perfecta, probablemente a todos se nos venga a la mente la imagen de la Atenas Clásica, la de Pericles y Efialtes del siglo V a.C. Lo que pocos conocen son las condiciones para que funcionara esa democracia. Mencionaremos tan sólo dos:
a) Población: Es lógico que una ciudad-Estado con un número reducido de ciudadanos facilite la práctica de la democracia. En los Estados actuales es un factor por el cual es casi imposible que todos los ciudadanos participen de forma activa en magistraturas u otras responsabilidades de gobierno, motivo por el cual se limita a una práctica pasiva,: el voto. Aquéllas propuestas actuales que sugieren prácticas asamblearias, referéndums y demás modalidades para preguntar a los ciudadanos por un sinnúmero de decisiones, lo único que logran es entorpecer el funcionamiento del Estado.

b) Esclavitud: Los atenienses y otras ciudades-Estado tenían muy bien definido el concepto de ciudadanía. Éstos participaban en la vida pública de manera activa, y se conseguía por la existencia de la esclavitud. Los griegos consideraban actividades como el comercio despreciables, por lo que los asuntos domésticos estaban en manos de los esclavos y muchos de los negocios estaban a cargo de los metecos o extranjeros, que no participaban políticamente, al igual que las mujeres y los varones menores de edad.

Como podemos observar, nuestra concepción actual de democracia no caza con la idea del esclavismo, pero es una realidad. Con esto quiero concluir que libertad, no es sinónimo de democracia, y reitero, ésta sólo significa que la soberanía recae, no en el pueblo, sino en los ciudadanos, aunque actualmente casi toda la población tenga la consideración de ciudadano.

Es más, dentro de la democracia ateniense ya existían grupos similares a los partidos actuales. Por un lado los moderados y por otro los radicales, que deseaban extender la democracia, lo cual los debilitó en la toma de decisiones. Al igual que hoy en día, Atenas quería extender su forma de gobierno al resto de ciudades-Estado de Grecia, coartando la libertad de elegir la forma de gobierno que desearan otros estados.

Hoy en día un Estado que no sea democrático se le trata de forma similar a un reino de la Edad Media que no fuera católico romano y queda fuera del entramado internacional. Hace mil años Dios residía en la Iglesia, hoy lo hace en las urnas. Evitemos deificar.

Recordemos, la democracia facilita la libertad pero éste no es su objetivo, a menos que así lo decida la ciudadanía soberana.

1.2. Aristocracia vestida de democracia
En el siglo XXI damos mayor prioridad a los asuntos privados que a los públicos. Es por ello que en nuestro sistema democrático se delegue el proceso de toma de decisiones a nuestros representantes, a quienes elegimos normalmente por sufragio y que se supone que velan por nuestros intereses.

En la Grecia Clásica la concepción era diferente, los asuntos públicos tenían una máxima importancia. De ahí que los ciudadanos participaran activamente en el gobierno del Estado y toma de decisiones. Incluso doctrinas filosóficas como la platónica o aristotélica llevan dicha tendencia. Sin embargo, doctrinas como el estoicismo, el cinismo o el hedonismo son individualistas. Estas últimas coinciden incluso con la aparición de los imperios de Alejandro Magno y el romano, donde la democracia no era la forma de gobierno establecida.

Dicho esto, parece ser que una democracia más participativa no encaja bien con nuestra concepción individualista. De hecho los mayores movimientos a favor de mayor participación suelen surgir cuando existen problemas de tipo económico, más que de corrupción u otra índole, porque es la economía la que afecta directamente la esfera privada. La corrupción, falta de civismo o la decadencia social se suelen tolerar de mejor forma, si se puede gestionar la economía. Es la misma razón por la cual, movimientos partidistas y políticos suelen tener un éxito efímero en la población. Al menos hasta que la economía se recupere.

Esta indiferencia marcada por un alto grado de individualidad facilita la existencia de una clase política, con privilegios. Son los miembros de esta clase los que actúan como verdaderos ciudadanos, porque en la práctica no toman decisiones acordes a los intereses de sus representados, sino propios. Por esa razón nuestra democracia se convierte en una aristocracia, porque la clase política, aunque no ejerza un cargo público en un momento puntual, generalmente sigue atado a la vida pública a través de otras instituciones relacionadas como son los partidos políticos.

1.4 Sufragio Universal
La extensión del voto a todos los ciudadanos está considerado como uno de los triunfos de la democracia y las libertades. En efecto, votar es decidir. El sufragio ha pasado por todo un proceso y modalidades. Hasta hace relativamente poco en muchos países incluso no podían hacerlo las mujeres.

Pero lo que nos vamos a cuestionar en estos momentos es si verdaderamente el sufragio universal es efectivo y positivo para la vida democrática. En diversos momentos del siglo XIX y XX se han propuesto limitaciones al sufragio, en los cuales el que primaba era el económico. Sólo los ciudadanos con una determinada renta tenían ese derecho, bajo la falsa creencia de que eran más capaces por haber alcanzado cierta riqueza. Obviamente el resultado fue totalmente diferente y la brecha entre clases se incrementó al igual que la corrupción.

El problema del sufragio universal es que si los ciudadanos no tienen una educación política mínima, las decisiones son tomadas por la masa, que suele estar controlada por algún grupo de la clase política, Hagamos una nueva analogía. Imaginemos que estamos en un barco y éste naufraga en una isla. Después de estar unos días durmiendo ante la intemperie, deciden que deben construir un refugio. Se podrían dar dos escenarios para decidir cómo construirlo. El primero es bajo sufragio universal. Dentro del grupo hay albañiles, arquitectos, filósofos, médicos, camareros, banqueros y algunas otras profesiones. Ninguno se pone de acuerdo de cómo construirlo, hasta que uno de los banqueros que es muy bueno en relaciones públicas convence a todos con promesas para que acepten su diseño, excepto a los albañiles y arquitectos que son minoría,. Al final el refugio queda construido con materiales perecederos, lo construyen en un sitio muy bonito pero donde el terreno no permite una correcta cimentación que además es pobre. A lo largo de una semana el refugio se viene abajo y comienza de nuevo el proceso. El banquero intentará culpar a alguien y con nuevas promesas falsas regresan al mismo punto.

La segunda posibilidad es que la decisión de cómo construir el refugio la tomen los arquitectos y los albañiles. Todos tienen conocimientos teóricos y prácticos al respecto. Seguramente discutirán en el diseño y la ornamentación (ideología política), pero con sus conocimientos el refugio será cómodo y duradero. Si además los albañiles y arquitectos enseñan al resto de náufragos cómo construir, entonces podrán ampliar el refugio convirtiéndolo en una mansión. Será entonces cuando todos podrán tomar decisiones razonadas para las futuras ampliaciones y el sufragio se extenderá.

Esto no quiere decir que el sufragio universal sea una mala opción. De hecho es la ideal y el objetivo. No obstante tiene un gran peligro cuando no se usa de manera responsable. Extenderlo ha sido un logro, pero al mismo tiempo un fracaso, al no ir acompañado de una educación correcta de la población que ejerce este derecho, que al final se somete a personajes y grupos que controlan su voto.

Muchas veces para dar un paso adelante hay que dar otro atrás. Es muy difícil determinar quién podría o no ejercer este derecho, que sólo implica tener un conocimiento básico de cómo funciona y se estructura el Estado por el cual se va a tomar una decisión.

Un ejemplo actual es la misma Venezuela. La gente ha votado a Chávez y a Maduro sin conocimiento alguno de las consecuencias que esto les traería. En Estados Unidos ha votado a Trump (el niño que ha prometido golosinas y caramelos), una población donde un gran porcentaje no sabe tan siquiera de qué país se independizaron en el siglo XVIII. En España se sigue votando como fuerza mayoritaria al Partido Popular y toda la corrupción que tiene por detrás. Todos son casos diferentes con ideologías diferentes pero con un factor en común: la decisión la ha tomado una masa no pensante, porque la falta de educación es la predominante en la población.

Podemos concluir que definitivamente la democracia es el mejor sistema para garantizar aspectos como las libertades y la justicia. No obstante al no ser perfecta, debemos conocer sus limitaciones y no deificarla para no corromperla y degradarla en una demagogia inoperante, corrupta e injusta. Se deben de encontrar mecanismos para hacerla verdaderamente eficaz.