Ni con todo el aparato de estado ganará Meade la Presidencia

No le han tomado el pulso al furibundo rechazo de la sociedad por tanta corrupción

CARLOS PINEDA LAFONT

Pocas veces en la historia de las sucesiones presidenciales en México, se había presentado un escenario tan poli cromático y con tanta revoltura que lo único que genera es desconcierto y hartazgo. Quizá en otros tiempos el cambio de gobierno generaba cierta esperanza de tiempos mejores. Por donde se le vea no es el caso presente.

Para empezar el candidato del partido gobernante (PRI) es un personaje sin afiliación formal partidista, sin embargo nadie se cree el mensaje que pretenden dar de que su abanderado, al ser apartidista, no está plenamente identificado con la nomenklatura corrupta de las últimas dos administraciones. Forma parte importante de la cofradía que ha hecho y deshecho lo que han querido en detrimento del país.

¿Quiénes serán los inocentes que consideren a José Antonio Meade un hombre alejado de Peña Nieto? Y con gran identificación con Felipe Calderón. Las cacareadas cinco secretarías de estado que ha ocupado en los dos recientes gobiernos, en vez de darle lustre y bagaje significan un lastre que lo pintan como un personaje gris, incapaz de imponer un sello de alta capacidad personal como lo fueron en su tiempo un Antonio Ortiz Mena, un José Vasconcelos o hasta un Ernesto Uruchurtu (de triste memoria por sus excesos prohibitivos, pero con una personalidad que imponía).

Meade Kuribreña no ha hecho más allá de su trabajo de comodín en las diversas áreas que se le ha colocado, sin resultados contundentes ni dignos de admiración. Más bien ha nadado de a muertito sin señalamientos negativos salvo que voltea al otro lado cuando se trata de denuncias como la entrega de los mil millones de pesos a Josefina Vázquez Mota, las multimillonarias sumas despilfarradas en las universidades del país y más recientemente en el caso de su cuate Emilio Lozoya Austin con el caso Odebrecht.

No basta que se le considere honesto, cuando, por su posición debió actuar decididamente. Quienes lo impulsan, además del presidente son el eterno grupito de egresados principalmente del desprestigiado ITAM que se encuentran desesperados por la posibilidad de perder tantos privilegios. Están dispuestos a utilizar el enorme “aparato del Estado” con los diversos recursos, económicos, sociales y de propaganda gubernamental, que tergiversan voluntades. Sólo que parece que no le han tomado el pulso al furibundo rechazo de la sociedad por tanta corrupción e ineptitud que a lo largo del sexenio se ha tenido que soportar.

El grueso de la población prefiere inclinarse por fórmulas que en otras etapas de la vida nacional podrían parecer caricaturas de opciones como lo es Andrés Manuel López Obrador ahora coaligado con un esperpento de partido confesional ¡que incongruencia!
Y lo peor es que ¡va en primer lugar!

La otra coalición que está tomando una fuerza gigantesca y que no han querido valorar en su verdadera dimensión, es Por México al Frente, que está aglutinando a la mayoría de los ciudadanos carentes de radicalismos mesiánicos, los que buscan la estabilidad ya sea de izquierda, centro o derecha, que dicho sea de paso en nuestro país todos son similares con algunos sesgos muy sutiles. El PAN, PRD y Movimiento Ciudadano juntos son de cuidado.
¡La gente no volverá a votar por el PRI así traigan de candidato al mismísimo Papa francisco!