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Hasta sus copartidarios republicanos le meten el pie a promesas del fanfarrón Trump

El polémico presidente de Estados Unidos, Donald Trump, poco tendrá que festejar en su primer año de gestión: promesas incumplidas, fracasos legislativos y no se ve que esté cerca de conseguir que México pague el muro fronterizo, una de las principales promesas de campaña a las que se le adjudica su victoria electoral.

El millonario fanfarronea a menudo de que ha hecho más en su primer año en la presidencia que cualquiera de sus predecesores, pero se considera que exagera. Cierto que ha cumplido algunas promesas de campaña, pero  se ha quedado corto en muchos aspectos.

Su récord en el Congreso es muy pobre y es que ni sus copartidarios republicanos lo han apoyado en momentos importantes allanándole el camino legislativo, como lo demuestra que la ley de salud de la era de Barack Obama sobreviva, golpeada, pero asegurando aún a millones de personas.

En cuanto a inmigración, sacudió el panorama político cuando propuso prohibir temporalmente el ingreso de musulmanes al país. Ha tratado desde sus primeros días en la Casa Blanca de imponer nuevas restricciones a turistas e inmigrantes, firmando órdenes ejecutivas que habrían cumplido sus promesas antiinmigración de no haber sido bloqueadas en las cortes.

Uno de sus triunfos ha sido prohibir el acceso de ciudadanos de varios países musulmanes y reducir considerablemente la admisión de refugiados. También ha tratado de negar fondos federales a ciudades que se rehúsan a cooperar con las autoridades de inmigración.

Ahora mismo está negociando un acuerdo de inmigración que pudiera permitirle cumplir otras promesas, incluso obtener fondos para el muro en la frontera con México y reformar el sistema de inmigración para dificultar a inmigrantes patrocinar la inmigración de sus familias.

Eso sería a cambio de extender protecciones para centenares de miles de jóvenes traídos ilegalmente al país cuando eran niños. Se trata de protecciones que previamente calificó de amnistía ilegal y prometió anular.

Sus grandes victorias, hasta ahora, poco tienen que ver con el tema inmigratorio. Cambió el sistema de impuestos del país, modificó sustancialmente la postura de Estados Unidos en el exterior y alteró las vidas de centenares de miles de inmigrantes, pero no ha cumplido con su promesa de la construcción del muro.