La corrupción va más allá de gobernadores; Ramírez Marín un camino de cochupos

  Que hablando de operadores políticos del presidente Enrique Peña Nieto, de los primeros nombres que saltan es el de Jorge Carlos Ramírez Marín. Ha sido otros de los consentidos de Peña y otro que ha dejado a su paso un camino de corrupción.

Que la fuerza del político yucateco se base en la cercanía de Manlio Fabio Beltrones y Beatriz Paredes, es decir es un político de la vieja guardia, de aquella que reparte dinero y maneja un bajo perfil para pasar desapercibido.

Que Ramírez Marín se ha convertido, por órdenes de Peña Nieto en el brazo derecho de César Camacho Quiroz, quien ha sido un cartucho ya muy quemado. El yucateco lo mismo puede pactar acuerdos con la oposición, que prebendas y canonjías para sus correligionarios.

Que durante 18 meses ha sido el portavoz de su partido ante el Instituto Nacional Electoral, pues el grueso de la población no lo relaciona con el PRI.

Que con pocos estudios, la mayoría realizados en el mismo Yucatán, Ramírez Marín tiene poder de oratorio y sus limitaciones le hacen hablar un lenguaje claro que llega más a la gente, no como el de Camacho Quiroz, quien por su traumas rebusca palabras para confundir más a su interlocutor.

Que el gobierno de Enrique Peña Nieto removió a Ramírez Marín, de la Sedatu, cuando ya le pisaban los talones debido a la estela de corrupción que ha dejado a su paso. Pero ya lo cuidaban desde antes Jorge Carlos nunca aclaró qué pasó con uno de los grandes pendientes de esta administración: el informe sobre responsables de los asentamientos irregulares que hicieron que los estragos de las tormentas “Manuel” e “Ingrid”, en 2013.

Que en febrero de 2015 el presidente decidió cambiar al titular de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), pero nada dijo del gran pendiente de esa secretaría: el informe que el propio Ramírez Marín llegó a decir que estaba “listo”. Horas más tarde de este anuncio, Ramírez Marín apareció como candidato a diputado por el PRI.

Que seis meses antes de mover al yucateco de puesto, este ya era investigado por la Secretaría de Hacienda, pues el político y grupo de cómplices extorsionaban a propietarios de terrenos agrícolas, urbanos o turísticos en la península de Yucatán.

Que las indagatorias venían del mismo, entonces secretario de Hacienda, Luis Videgaray, pues usaban su nombre para “recaudar fondos” para su campaña a la presidencia, con la promesa que a todos les iba a ser retribuido y duplicado, algo que no le gustó al doctor, pues a sus cuentas no llegaba ese dinero.

Que una vez más salieron a su defensa sus padrinos Beltrones y Paredes y fue por órdenes del presidente que fue removido y enviado
a la cámara baja.

Que Ramírez Marín, siguió acumulando fortuna, ahora con la desgracia de 2016, por ello nunca pudo aclarar qué pasó con las construcciones irregulares de cientos de casas en Guerrero, cuando mandó en Sedatu.

Que Durante el período de transición, el entonces presidente electo Peña Nieto lo instruyó para elaborar una iniciativa que regulara, por primera vez, la manera en que se asigna la publicidad gubernamental a los medios de comunicación.

Que después de ganar las elecciones de 2012, Peña Nieto planteó tres iniciativas: a la actual senadora con licencia, Arely Gómez, le encargó un proyecto de ley de transparencia, y al actual titular de Pemex, Emilio Lozoya Austin, el proyecto para crear la comisión anticorrupción; el tercero fue el de Ramírez Marín, pero no cumplió.

Que el camino trazado por Carlos Ramírez ha dejado corrupción, pero incondicionales a su paso para que lo cubran, así como aparenta ser un gordito bonachón, es un hombre peligroso.

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