La DEA, culpable de la masacre en Allende, Coahuila

En marzo de 2011, México vivió una de las masacres que se haya registrado y de la cual ocultaron hechos y cifras. Un trabajo periodístico de Estados Unidos revela que la DEA fue culpable directo de los hechos que según organizaciones dejaron al menos 300 desaparecidos.

El reportaje “Anatomía de una masacre”, realizado por ProPublica y National Geographic, narra cómo la captura de Jose Vasquez Jr. por los agentes de la DEA Richard Martinez y Ernest Gonzalez llevó a una masacre de Los Zetas en Allende.

“Esta no es una historia en la que la DEA tenga las manos manchadas de sangre”, asegura Russ Bear, portavoz de la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés). Pero una investigación de la periodista Ginger Thompson, ganadora del Premio Pulitzer, sobre los hechos sucedidos en Allende, Coahuila, en 2011, muestra una versión distinta.

El informe de El Colegio de México (Colmex) publicado en octubre pasado da cuenta de que al menos 26 personas desaparecieron en dos días, mientras que la procuraduría estatal reporta 42 desapariciones en 14 meses y organizaciones civiles aseguran que la cifra de víctimas llegó a 300.

Los Zetas irrumpieron en el municipio y secuestraron a todos los que llevaban el apellido de un presunto traidor, incluidos mujeres y niños, y redujeron sus cuerpos a ceniza.

“A diferencia de la mayoría de los lugares en México destrozados por la guerra contra las drogas, lo que pasó en Allende no se originó en México. Comenzó en Estados Unidos, cuando la DEA logró un triunfo inesperado”, escribió la periodista en el artículo Anatomía de una Masacre.

De acuerdo con el texto, la responsabilidad de la DEA comenzó cuando un agente persuadió a un importante miembro de Los Zetas para que le entregara los números de identificación rastreables de los teléfonos celulares que pertenecían a dos de los capos más buscados del cártel, Miguel Ángel Treviño y su hermano Omar.

En la investigación, la ganadora del Pulitzer destacó que durante años después de la matanza de Allende las autoridades mexicanas solamente hicieron esfuerzos inconsistentes para investigar. “Erigieron un monumento para honrar a las víctimas, sin determinar por completo lo que había sido de ellas ni castigar a los responsables”, precisó.

“Fuentes oficiales cercanas al caso dijeron que un supervisor de la DEA en Ciudad de México compartió información relacionada con los números con una unidad de la Policía federal mexicana conocida como Unidad de Investigaciones Sensibles, cuyos agentes habían sido entrenados y examinados por la DEA”, detalló el artículo. Un oficial de la unidad, dijeron las fuentes a Thompson, fue el responsable de la filtración que causó la matanza.

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