Los presidenciables / José Antonio Meade Kuribreña / El enigma del 2018

(Capitulo 2)

Preparación no le falta al secretario de Desarrollo Social, pues tiene dos licenciaturas y un doctorado tanto en instituciones mexicanas como en el extranjero.

Experiencia, tampoco. Ha ocupado tantos cargos a nivel de director y 4 de las más importantes secretarías de estado en tiempo récord que nadie podría descalificarlo por ese lado.

Otro punto a su favor, que no es menor, significa encontrarse al frente de la Secretaría más benévola en términos de imagen, pues la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) es la encargada de dar beneficios a diestra y siniestra al grueso de la población y la gente a veces confunde a la dependencia con la persona, o sea su titular, y le viven enormemente agradecidos como si de su bolsillo hubieran salido los beneficios otorgados.

Simplemente hay que recordar que Salinas envió a Colosio precisamente a esa dependencia cuando decidió que fuese su sucesor. Sabía que en esa posición nadie se desgasta, al contrario es una catapulta política insuperable.

Pero ¿qué le falta a Meade Kuribreña para ser un candidato natural a la presidencia de México?, o mejor dicho, cuáles serían los escollos que le evitarían aspirar a esa altísima responsabilidad si aparentemente está, como dirían los profesionales “súper cualificado”.

Por lo pronto, una buena imagen. Tal parece que los Galindos Ochoa, “Güeros” Landeros, Amados Treviño y Davides López son especies extinguidas. Esos monstruos de comunicadores. La comunicación siempre será lo mismo. Falta ese toque fino que haga ver al personaje identificado con la gente sin importar las plataformas tan actuales como las redes sociales, al contrario, con esas coberturas es más fácil proyectar ideas y personajes. Pero hay que saber.

Definitivamente, no llega a emocionar. Se le ve decente, bonachón, pero hasta ahí.

Es un subordinado de Luis Videgaray. Él influyó para que permaneciera en el gabinete porque lo conoce y sabe de su capacidad, pero jamás le dejaría la estafeta. Si alguien lleva mano en el ánimo del presidente, ése es precisamente el secretario de Hacienda. Las críticas con las que lo quieren descartar de la sucesión son tan banales como las que aparecieron en la época de López Portillo. Que quien cobra impuestos no llega… Y ya se vio.

No es José Antonio Meade una hechura precisamente de Peña Nieto. Seguramente es muy apreciado por el presidente y catapultado por Videgaray, que le habla al oído, y por ello ha sido tan prolífico en la presente administración. Pero una máxima conocidísima en política es que el presidente siempre deja a su pupilo, alguien que considere tanto como su hijo, que lo haya formado, moldeado y que conozca sus secretos como nadie. Ese, definitivamente no es Meade Kuribreña.

Seguramente tiene otro puesto asegurado de primer nivel si Videgaray llegara a la presidencia, pero eso ya es demasiado especular hasta para este espacio que se dedica exclusivamente a rumorar…

Meade tampoco llega a la grande…

El siguiente:

(Continuará)