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Como ya deja el poder, a Angélica Rivera le vale presentarse toda zarrapastrosa ante el público

Como ya deja el poder, a Angélica Rivera le vale presentarse toda zarrapastrosa ante el público

A tres meses de culminar su actuación como Primera Dama, a Angélica Rivera aparentemente ya no le interesa seguir fingiendo, y recientemente en un acto público, se presentó con ropa muy informal, lo que desató las críticas en el ciberespacio.

En un evento en Puebla, y en su calidad de presidenta del Consejo Ciudadano Consultivo del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia, Angélica Rivera se presentó para sacarse la foto repartiendo apoyos para niños con problemas visuales, pero portando ropa más que casual para su investidura.

Dejando atrás las formalidades, Rivera lució pantalón de mezclilla raído y deslavado, un suéter verde que hacía juego con su blusa en el mismo tono, y que la hacía ver como si fuera estudiante de una escuela de gobierno, y para rematar el look, unos zapatos de tacón bajo, con su pelo suelto y más rubio delo común.

Como si fuese una adolescente, Angélica Rivera se vistió de forma fuera de lo acostumbrado, pues durante los últimos cinco años, ella presumía ropa de afamados diseñadores mexicanos e internacionales, cuyo precio llegaban a superar los cien mil pesos por modelito.

Habrá sido porque ahora se quiere quitar la etiqueta de derrochadora, porque quiere proyectar la imagen de estar cercana al pueblo, o simplemente porque pretende dejar Los Pinos con una imagen de humildad, tal cambio radical no fue desapercibido en el ciberespacio, donde los comentarios no se hicieron esperar.

Mientras muy pocos se mostraron contentos por el atuendo de Rivera, otros más la calificaron de hipócrita al usar esa ropa de bajo perfil, siendo que tiene en casa un guardarropa costosísimo, en tanto otros más, le preguntaron si de plano iba por el mandado o si acababa de salir de una secundaria pública.

Más allá de las opiniones divididas, lo cierto es que el atuendo casual de Angélica Rivera provocó una andanada de críticas, pues pocos toleraron que una Primera Dama se vista de manera tan informal, no pudiendo lograr un equilibrio entre un atuendo de buen gusto, sin que represente un costo excesivo, como los coordinados de la alta costura que acostumbra portar la famosísima Gaviota.